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Antonio Grau Mora "Rojo El Alpargatero"

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El cantaor Antonio Grau Mora, Rojo el Alpargatero, nació en Callosa de Segura (Alicante) el 7 de diciembre de 1847 y murió en La Unión (Murcia) el 21 de abril de 1907. De él se ha llegado a decir que es algo así como el Chacón o El Mellizo de Cartagena y su comarca minera. Estamos, pues, ante el primer maestro que han tenido los Cantes de las Minas.

Desde joven le llamaron el Rojo, por el color de su pelo, y el Alpargatero, por el negocio familiar: la fabricación de alpargatas. Hasta 1868 viviría en Callosa trabajando con su padre. En esa fecha ha de incorporarse al servicio militar y es destinado a Málaga. Allí sentiría, si aún no lo había sentido, el aguijón del cante. En 1870 se licencia y vuelve a Callosa, pero no para mucho tiempo en casa. En 1872 viaja a Cartagena y de allí, al cabo de un año o año y medio, a Almería. Allí, aunque todavía sigue dedicado a la venta de alpargatas –precisamente una de las primeras personas con las que entabla contacto en Almería es Bartolomé González Torres, industrial alpargatero-, actúa ya como cantaor flamenco. La prensa local da noticia de sus actuaciones en el Casino los días 27 de febrero y 22 de junio de 1877. El gacetillero hace mención a sus coplas flamencas, con gorgoritos, quiebros y florituras y la nota de junio utiliza como reclamo para su actuación su gran popularidad. En Almería conoce a María del Mar Daucet Moreno, la que sería desde entonces su compañera.

En 1880 sucumbe, al fin, a su pasión cantaora; abandona definitivamente sus actividades comerciales y se marcha con María del Mar a Málaga. Allí se hace realidad su gran sueño: ser artista de profesión. En Málaga tiene la oportunidad de conocer y alternar con las primeras figuras del cante. Allí terminaría de aprender el oficio de cantaor. En sus actuaciones en los cafés cantantes malagueños daría a conocer los cantes que años atrás había aprendido en sus andanzas por La Unión, Cartagena y Almería. En ellos llegó a adquirir nombre de buen malagueñero e incluso es posible que llegase a tener malagueña propia.

En 1882 María del Mar queda embarazada y Antonio decide legalizar su situación. Se inicia entonces un largo papeleo hasta que finalmente se casan en 1884. En 1885 tienen un hijo y poco después el matrimonio decide trasladarse a La Unión.

En la ciudad minera instala una posada y se da a conocer como cantaor. No tardan en aparecer coplas que historian ese momento.

Se ha establecido en La Unión
el Rojo el Alpargatero,
canta como un ruiseñor;
no trabaja de minero,
pues del cante es lo mejor

El Rojo se reencuentra con los cantes mineros que ya había conocido en su juventud y se empapa de las tonalidades que les imprimen los cantaores locales. Mientras, sus negocios prosperan. Amplía la posada y abre sala de juego y café cantante. Y sigue cantando. En La Unión son cada día más sus incondicionales. Prueba de su fama es la siguiente letra:

Se quemó el Café Habanero,
no lo pueden levantar;
levantadlo, caballeros,
sólo por oír cantar
al Rojo el Alpargatero.

En 1895 abre otra posada en Cartagena, en el Arco Callejón de la calle de Canales. También ha quedado alguna letra que recuerda, no sin ironía, esta calle:

En la calle de Canales
se me cayó mi sombrero.
¡Quien se lo vino a encontrar:
El Rojo el Alpargatero!
Y no me lo quiere dar.

Se atribuye esta letra a Escacena, que la popularizó hasta tal extremo que cuentan que el Rojo se vio obligado a contestar:

Anda diciendo Escacena
que yo tengo su sombrero,
y al presidio me condenan,
pero sabe el pueblo entero
que él no estuvo en Cartagena.

Allí se reunía el Rojo con lo mejor del cante que había en La Unión y en Cartagena y allí hacían las delicias de los buenos aficionados. En estas reuniones y en los tablaos de los cafés cantantes de La Unión y Cartagena se irían configurando los estilos que después han llegado hasta nosotros. En las primeras iría el Rojo matizando y madurando los cantes de la región, que más tarde se enriquecerían sobre los tablaos de los cafés de cante con las aportaciones de los cantaores locales y las de los profesionales –Antonio Chacón, Fernando el de Triana, por citar sólo a los más conocidos- que venidos de otras localidades allí actuaban, aquellos cantaores que el Rojo conoció y admiró en Málaga cuando debutó como artista.

Sin disponer de ninguna grabación que permita valorar objetivamente los cantes de Rojo, hay suficientes elementos de juicio para poder afirmar que el Alpargatero tuvo que ser, como mínimo, un extraordinario intérprete de los Cantes de las Minas. Así lo estimaron sus contemporáneos y así ha quedado recogido en la famosa letra:

Fueron los firmes puntales
del cante cartagenero
la Peñaranda, Chilares,
el Rojo el Alpargatero
y Enrique el de los Vidales.

Pero, por muy destacado que se le considere como intérprete, ¿fue el Alpargatero algo más para los Cantes de las Minas?. Hoy hay quienes llegan a atribuirle la paternidad de todos los estilos conservados en la cuenca minera de La Unión, incluido, sin apenas fundamento, el que conocemos como taranta cartagenera. Pero para poder ser rigurosos en este tipo de aseveraciones sería imprescindible saber con absoluta certeza qué parte le corresponde a él en la configuración definitiva de estos cantes y cuál a Chilares, a Paco el Herrero o a Enrique el de los Vidales. O, como se pregunta A. Salom, al Niño de San Roque. Lamentablemente, ninguno de ellos impresionó ninguna placa, por lo que la investigación en este campo se hace más que problemática. De sus cantes, en realidad, sólo conocemos algunas letras por las que sentía una especial predilección:

Me llaman el barrenero
porque tiro la barrena,
y soy el mejor minero
que sale de Cartagena.
Trabajando en una mina
de la Sierra del Guayano,
han descubierto un filón
que tiene el metal gitano,
y lo he descubierto yo.
Eres guapa y Dios te guarde,
en tu puerta da la luna,
acaba de desengañarme,
mira que va a dar la una
y me precisa el retirarme.

Para juzgar con algún rigor las posibles aportaciones de Antonio Grau habremos de atenernos, por tanto, a los testimonios históricos que poseemos. Fernando el de Triana, buen conocedor del cante y de los cantaores de su tiempo, y poco dado a excesivas figuras literarias, al recordar los éxitos de la Peñaranda, no duda en afirmar que sus cantes procedían de la escuela del famosísimo compositor Antonio Grau Mora el Rojo el Alpargatero.

Creemos, por tanto, que es de justicia reconocerle no sólo la grandeza de un intérprete muy superior a la mayoría de los aficionados que iban a escucharle a los cafés cantantes y posadas de Cartagena y La Unión, sino la genialidad de un músico nato que contribuyó, posiblemente más que ninguno de ellos, a la evolución y conformación de muchos estilos mineros.

Antonio Grau Mora murió en La Unión el 21 de abril de 1907. Dejó tres hijos: Antonio, José y Pedro. Uno de ellos, Antonio, fue también cantaor flamenco.

Bibliografía