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Félix Hernández Giménez

De Ateneo de Córdoba
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Casa Colomera (1928).

Félix Hernández Giménez nace en 21 de junio de 1889 en Barcelona, a donde su padre se trasladó desde Caracas (Venezuela). En la Ciudad Condal obtiene el título de arquitecto (1912) y en ella realiza su primer proyecto. Poco después ejerce como arquitecto municipal en Soria (1915), donde contrae matrimonio y levanta el plano de las ruinas numantinas, y más tarde en Linares, marchando definitivamente a Córdoba, donde desarrolla su actividad más fructífera hasta el final de sus días. A su condición de arquitecto hay que unir la de conservador de monumentos y arabista, facetas éstas que otorgan a su figura un enorme atractivo desde diferentes ángulos. Murió en Córdoba, el 17 de mayo de 1975.

Durante la década de 1920 desarrolla su actividad más interesante como constructor y arquitecto. Córdoba le debe un abundante muestrario de casas de viviendas que responden a la estética del regionalismo neobarroco, entre las que destacan las del paseo del Gran Capitán, la casa Hoces Losada de calle Concepción, ambas de 1925, y la casa Colomera en la plaza de Las Tendillas, de 1928. Sus formas se basan en las del barroco local del siglo XVIII, extrayendo de ellas un carácter netamente cordobés, capaz de equipararse con el neobarroco sevillano y con el madrileño, sin renunciar a ciertos guiños emparentados con el secesionismo vienés.

Como urbanista, fue nombrado director de la Oficina del Ensanche, creada por el Ayuntamiento para desarrollar el anteproyecto de ensanche de la ciudad en 1921. Aunque el proyecto no se llevó a cabo, sí le cupo la responsabilidad de importantes intervenciones, especialmente la apertura de la plaza de las Tendillas (1925-1927) y la urbanización de las calles adyacentes.

Pero su faceta más conocida fue la conservación y restauración de infinidad de monumentos histórico-artísticos, la mayor parte de ellos ubicados en la provincia de Córdoba. De muy importante puede calificarse su participación en las obras de consolidación de la Mezquita-Catedral, fruto de las cuales publicó, entre otros trabajos, un excelente libro: El alminar de Abd al-Rahman III en la Mezquita Mayor de Córdoba (Granada, 1975). Sin embargo, su actuación principal hay que situarla en torno al yacimiento arqueológico de Medina Azahara, que le debe gran parte de lo que hoy exhibe. Por desgracia, no llegó a redactar personalmente la síntesis de su ingente y dilatada labor en la ciudad palatina, si bien a título póstumo sus notas fueron publicadas, ausentes de apoyo gráfico, bajo el título de Madinat al-Zahra. Arquitectura y decoración (Granada, 1985). Otras actuaciones suyas afectaron a la restauración de gran cantidad de monumentos, entre los que hay que reseñar, además de los ya señalados, el Patio de los Naranjos de la Catedral de Sevilla.

Mucho menos divulgada ha sido su contribución a la historiografía de al-Andalus mediante una serie de trabajos que hizo de geografía histórica de la España islámica, publicados en la revista Al-Andalus; en ellos nos revela no sólo una intensa labor de campo, sino también notables conocimientos textuales.

El contenido de esta biografía incorpora material del libro Los andaluces del siglo XX de la colección Arca del Ateneo, escrita por Alberto Villar Movellán.