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Francisco Jiménez de Córdoba

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Francisco Jiménez de Córdoba, nacido en Córdoba el 2 de septiembre de 1939 y fallecido el 6 de abril de 1999. Formado en la Escuela de Artes y Oficios y en el taller de Antonio Castillo Ariza, ejerció como pintor y escultor, aunque siempre dijo que vocación era la restauración, especialmente de imaginería.

Biografía

Nace en Córdoba 2 de septiembre de 1939. También llamado popularmente "Paquito el Poeta" Se interesó desde temprana edad por la pintura y escultura ingresando en la Escuela de Artes y Oficios y en el taller de Antonio Castillo Ariza como discípulo suyo, donde permaneció durante más de veinte de años como restaurador.

Se independizó y comenzó a esculpir y pintar, unido a la restauración tanto de figuras escultóricas, pinturas o muebles antiguos. Su taller estaba en la calle Anqueda nº3 en el típico barrio de las Costanillas, donde albergaba un auténtico museo repleto de restos arqueológicos y objetos curiosos cargados de encanto y evocación que sugerían el sentir de un pasado romántico irrecuperable. El patio de la casa del siglo XVII restaurada en los años cuarenta estaba lleno de restos arqueológicos entremezclados con hermosos geranios, gitanillas, cintas, claveles… todo un conjunto de arte floral, recreo la visión. Este patio fue presentado en varias ocasiones al Festival de los Patios Cordobeses, llegando alcanzar diversos premios.

Una de la esculturas más conocidas es el Cristo Crucificado que realizó a finales de los años ochenta para una parroquia de Miami (Florida, EE.UU.). Como pintor relizó multitud de pinturas y dibujos sobre patios cordobeses y rincones de la ciudad que expuso en numerosas exposiciones. Pero su fuerte siempre fue la restauración de cuadros y esculturas de imaginerías. Estos trabajos fueron en su mayoría realizados fuera de Córdoba, como unas tablas de la Catedral de León del siglo XV; la restauración de la imagen de Santa María la Blanca patrona de Sigüenza (Guadalajara) o un lienzo de Zurbarán del Museo Diocesano de la misma cuidad. En Córdoba su buena labor restauradora quedó plasmada en el Círculo de la Amistad conjuntamente con Rafael Serrano, en las obras de Julio Romero de Torres que están expuestas en los salones de esta entidad, así como en la Virgen de Linares en el año 1985 o el paso de las Agustias y otras. Sin embargo ha sido conocido más por su neocostumbrismo como pintor al dominar el dibujo en diferentes estilos y técnicas.

Francisco Jiménez era una persona con estilo propio, aflable y cariñoso, sumamente independiente de los círculos artísticos y políticos; con cierto corte bohemio en su forma de vivir, aunque con estilos muy costumbristas en el vestir, pues iba impecable con trajes y adornos de estilo habanero; esto unido a su capa cordobesa en tiempos invernales.

Fallece el 6 de abril de 1999, cuyos restos mortales están een el cementerio de San Rafael.

Testimonios

El mismo Paco definía su vocación con estas palabras:

Esta profesión es mi vida porque cuando la desempeño me produce un gran disfrute espiritual. Lo mío verdaderamente es la restauración de imaginería, aunque también creo esculturas de mi invención, lo que ocurre es que ya nadie encarga imágenes. Pinto también cuadros de encargo porque es algo que lo he aprendido, pero mi especialidad es el restaurar.

José Cobos Ruiz de Adana catedrático de Historia - amigo personal de Francisco - definía su arte de esta forma en uno de sus artículos escrito en el Diario Córdoba:

Se hermana la sensibilidad del artista cordobés con el gusto estético de la escuela castellana del seiscientos.
Tal vez no exista en este país otro artista que tantas veces haya plasmado en sus lienzos y tablas las calles, plazas o personajes de esta ciudad tradicional cordobesa que el pintor tanto ama, con esa luz tan característica en sus obras, de pincelada ágil y suelta.

Miguel Salcedo Hierro lo definía de esta forma en un artículo (In memorian) en el Diario Córdoba:

Paco Jiménez era un hombre extremadamente cariñoso y alegre. Había quienes lo consideraban extravagante a la hora de vestir; pero no se ponían a pensar que la elegancia consiste en resaltar la propia personalidad y que se debe utilizar la singularidad cuando se tiene categoría para hacerlo. Nadie más pulcro, atildado, pulido y educado. ¿Podríamos reprocharle que él mismo se elaborara sus joyas, sus bastones, sus objetos de uso personal? Los que tuvimos la dicha de conocerle sepan que hemos perdido un cordobés de pro.
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