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Antonio García Nieto

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Antonio García Nieto nace en La Guijarrosa, (Santaella, Córdoba), el 3 de octubre de 1934 en el seno de una familia trabajadora, honrada y muy extensa. Su padre fue José García Bascón, más conocido por el sobrenombre o apodo de “Pelitos” y su madre Soledad Nieto Gómez.

Fue el primer hijo, de un total de cinco hermanos, y el segundo nieto de un total de treinta y cinco por parte de los abuelos maternos: Alfonso Nieto Coyado y María Catalina Gómez Gutiérrez.

Antonio fue un niño muy querido por sus padres y abuelos maternos con los que vivió largas temporadas. Durante su primera infancia, el abuelo Alfonso le enseñó algunas pautas de comportamiento ante la vida que Antonio explicaba de la siguiente manera: “hay que afrontar la vida con seriedad y responsabilidad, y hay que ser responsable en el trabajo, con la familia y respetar a las demás personas. Y esto lo llevó a cabo hasta el final. Cuando hablaba del abuelo Alfonso, siempre lo hacía con cariño y admiración.

Con 9 años empezó a trabajar guardando cabras en un cortijo de la campiña de Córdoba. Como miles y miles de niñas y niños y adolescentes de la postguerra, y durante más de la mitad del tiempo que duró la dictadura franquista, los sacaban del colegio para ponerlos a servir con los señoritos, en el caso de las niñas o cuidar ganado en el de los niños. Antonio estuvo seis meses en el colegio y, a pesar de que el maestro le manifestó a sus padres que tenía grandes cualidades para estudiar, lo pusieron a trabajar porque el mísero sueldo del padre no daba ni por asomo para alimentar a las siete personas de la unidad familiar. En estos trabajos se ganaba muy poco jornal: se trabajaba por la comida.

En 1944, se traslada la familia de La Guijarrosa a Écija, donde continúa guardando cabras.En la adolescencia, Antonio intenta ser torero. Se tira un tiempo de “maletilla” y torea alguna novillada. Pero su madre le dice que si no le da vergüenza de estar por ahí tirado en la calle sin trabajar cuando sus hermanas, que son más pequeñas que él, están ya trabajando. A partir de las palabras de su madre, recuerda las pautas del abuelo Alfonso y decide dejar para siempre los toros. Aunque siempre mantuvo la afición y estuvo ayudando y orientando a otras personas de su entorno que posteriormente también lo intentaron.

Por la misma época, en su primera juventud conoce a la jovencita María del Carmen Gutiérrez, que se convertirá en el amor de su vida. Su compañera siempre, en lo bueno, en lo malo y en lo regular y la madre de sus hijos e hijas. Antonio quería muchísimo a toda su familia, pero a su mujer María del Carmen la adoraba. Su expresión habitual cuando se refería a su mujer era decir que era “una santa” porque, desde que se conocieron, siendo ella casi una niña, siempre estuvieron juntos y se sintieron acompañados incluso en la distancia.

En 1957, Antonio termina el servicio militar y se marcha a Santander en busca de una vida mejor. Estuvo 14 meses sin ver a su novia. Pasado este tiempo se volvieron a encontrar. Contaron las cartas que se habían escrito durante ese tiempo y tenían más cartas que días habían pasado. En ese momento se casaron y no se separaron nunca más.

En Santander comienza a trabajar en la fábrica de las cocinas Corcho donde empezó a conectar con el mundo obrero de la Industria y los movimientos incipientes que empezaban a moverse en la década de los 60. Pasado un tiempo, deja la fábrica y se coloca de peón de albañil porque se cobraba “un poco más de sueldo”.

En torno a 1965, se coloca en la empresa Standard Eléctrica y pasado un tiempo lo eligen sus compañeros enlace sindical. Es a partir de este hecho cuando conecta con gente de la izquierda, en concreto, con personas de Comisiones Obreras (CC.OO) y la Liga Comunista Revolucionaria (L.C.R.). Empiezan las reuniones, los cursillos, etc. Descubre un mundo nuevo de ilusión, de perspectivas de cambio para él y para el conjunto de trabajadores y trabajadoras de España y el mundo. Así como la liberación del yugo capitalista y de la dictadura franquista.

Continúan las reuniones, lecturas de panfletos, de empaparse de ideas, sin saber bien lo que significaban. Pero era tan grande la necesidad de cambio y de justicia que aún sin entender bien todo lo que estaba pasando, continua asumiendo responsabilidades y dando la cara por sus compañeros y compañeras.

A principios de 1967 se convoca huelga en Standard Eléctrica. Como él dio la cara en la zona que le tocó estar, lo detuvieron y sufrió todos los avatares y malos tratos que practicaba la policía franquista en las comisarías y la guardia civil en los cuartelillos de la época.

Lo encarcelaron y lo mantuvieron tres largos meses privado de libertad, teniendo que dejar desatendida a su familia con varios niños pequeños y su mujer embarazada de su hija Carmen Soledad (autora del libro El canto de la tórtola).

La prisión lejos de amedrentarlo supuso un revulsivo importante para continuar con la formación política y sindical y, por supuesto, con la lucha sindical y política durante los últimos años del franquismo y durante la transición política.

Transcurridos los primeros años de democracia, se sintió un poco decepcionado por como iban transcurriendo las cosas que, por supuesto, no fue como habían soñado cientos de miles de luchadores antifranquistas. Se desilusionaron muchos, él también, pero a pesar de ello mantuvo sus convicciones, aunque no estuviera en primera fila.

En 1987, se vuelve para Córdoba con parte de su familia y digo con parte porque algunos de sus hijos se quedaron en Santander y sus hermanas también. Se convierte en tendero, oficio que no le gusta por lo que estuvo poco tiempo. Enseguida se coloca a trabajar de peón de albañil y en el momento que pudo vendió la tienda y se compró un terrenillo en el Rinconcillo (departamento de La Carlota). Se convirtió en agricultor y hortelano.

Antonio fue una persona de gran sensibilidad y muchísimo talento. Adoraba Andalucía por su luz, por sus trigales, sus olores y por el canto de la tórtola, pero por encima de cualquier cosa, él se sentía ecijano por los cuatro costados y fue a su vuelta definitiva a la ciudad de las torres cuando comenzó o reanudó su actividad social participando activamente en el movimiento ciudadano y en la vida política y municipal de la ciudad.