Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Cambio de la Junta Directiva del Ateneo de Córdoba

Miércoles, 18 de mayo, 20:00 horas. Ciclo de Conferencias. Tiempos de Historia: “Córdoba en la posguerra. La articulación del franquismo” , a cargo de Antonio Barragán Moriana. Sede del Ateneo.

Jueves, 19 de mayo, 20:00 horas. Presentación del libro Si preguntan por mí, de J.R. Barat. Presenta Manuel Gahete. Librería República de las letras.

Sábado, 4 de junio. Viaje a Cabra en conmemoración de la 175 fundación del Instituto Aguilar y Eslava. Incluye autocar, comida y una visita a Cabra y al Santuario de la Virgen de la Sierra. 25 euros por persona.

Lunes, 13 de junio, 20:00 horas. Presentación del libro Homenaje a Antonio Flores Herrera. (Varios autores). Presenta José Luis García Clavero. Sede del Ateneo.

CONVOCADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA
X Premio de Relato Rafael Mir.
XXXVIII Premio de Poesía Juan Bernier.
VIII Premio Agustín Gómez de Flamenco Ateneo de Córdoba.

Fallo de las Fiambreras de Plata 2022, relación de homenajeados aquí.

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Diferencia entre revisiones de «Martínez Bjorkman, en el recuerdo más vivo»

De Ateneo de Córdoba
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[[Categoría:Biblioteca:Artículos de opinión]]
 
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Revisión actual del 18:01 26 mar 2014

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Nueva temporada de Los martes del Ateneo.

Tribuno del pueblo, rompedor, motor de ideas, abogado de los pobres, agresivamente delicioso, intuitivo, genial pero con curvas, algunos de los calificativos con los que le retrataron en una mesa redonda amigos y compañeros de este caballero andante.

El escenario era el apropiado para la evocación de un inclasificable, un ácrata y víctima del sistema: el corazón más rancio de Bodegas Campos, desposeído de ese tic peyorativo y cordobita de toreros, vino, perol y vecino que sólo mira el presente, y barnizado de un talante ciudadano, con perspectivas de futuro, que tanto reclamaba el senador de Córdoba. Y, encima, un auditorio con copa de vino, y humo cuando ya no hubo más aguante. En el estrado, María Villegas, que mucho sabía de llamadas intempestivas del llorado Joaquín en su afán de estar en todo, aún en su ausencia; José Cobos, el último acompañante en su filosofía peripatética; Antonio Jesús Serrano, lector de poesías al aire; José Jiménez Poyato, paño de desahogos desde el Instituto; Rafael Mir Jordano, compañero en el empeño de abrir espacios para la abogacía; y Rafael Sarazá, admirador del talante rompedor y generador de ideas de su más que colega. Y en el auditorio un público entregado y arropado por una tela de araña de amistades, admiraciones, lazos familiares y laborales y ese deseo latente de “libertad, que todos soñamos y nadie alcanzamos” y cuyo paradigma, en ese momento, era ese heterodoxo, inconformista, lúcido y libertario hombre de talante universal, llamado Joaquín Martínez Bjorkman, que el día que le dio el infarto en 1993, sentenció que la ciudad, Córdoba, estaba más enferma que él y que se había convertido en un solar colonizado por mediocres y extranjeros.

Antonio Perea abrió el acto con un improperio: “Córdoba y sus poderes públicos son mezquinos con su gente”. El moderador, Antonio Jesús Serrano, centró el motivo de la mesa redonda: escuchar al senador era oír la historia de Córdoba y España. Cierto. Y los sueños. “Irreemplazable, entrañable, hombre de adeptos y detractores. Era tal su proyecto de ciudad que daba miedo, porque le hubieran pegado dos tiros”. Reflexiones en alta voz de su compañero en el Instituto Olof Palme, José Cobos. Pepe Jiménez evocó la encina de Las Tendillas, que tanto peleó el senador, a la salida del Góngora, de estudiantes. Y sus tiempos comunes del cine-club del Círculo –“nos adelantamos a La Clave”- y aquellas Conversaciones de teatro. Y su casa abierta a todo el mundo, desde la Adoración Nocturna al Grapo. Mir Jordano lo catalogó de excelente motor de puesta en marcha, aunque hubiera que animarle a seguir, o a frenar, en su momento, su cualidad de suministrador de ideas y su entrega a la abogacía laboralista. “Muchas de sus impertinencias no eran sino verdades”. Y Sarazá, con todo cariño, se declaró su seguidor, en todo y en ese afán tozudo de libertad, justicia e igualdad. En cuya consecución le faltó tiempo a ese tribuno del pueblo que a punto de morir lamentó. “Con la cantidad de cosas que tenía yo por hacer”.