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Ermita de Santa María del Castillo (Pedroche)

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La ermita de Nuestra Señora del Castillo se encuentra enclavada en la cota topográfica más alta de la villa de Pedroche, junto a la Parroquia de la Transfiguración, construida a principios del siglo XVI, y la grandiosa Torre de los arquitectos Hernán Ruiz II y Juan de Ochoa, formando parte de un complejo monumental que ocupa el solar del antiguo castillo de Pedroche, destruido a finales del siglo XV.

Los orígenes de la ermita apuntan a los años posteriores a la conquista cristiana del Valle de los Pedroches. Aún así, sin tener datos de su cronología, podemos observar connotaciones que la ponen en relación con las «Iglesias de la Mesta», de arcos diafragmas, localizadas en las antiguas cañadas que introducían el ganado desde Castilla y León a Andalucía, pasando por Extremadura, como las de San Pedro de Añora, San Sebastián y San Antón en Belalcázar; San Sebastián y Santa Ana en Hinojosa del Duque y la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación en Santa Eufemia, sobre cuyas cronologías podríamos abrir un abanico que comprendería la época de los siglos XIII al XIV, cuyos estilos artísticos estarían dentro de la tradición gótica.

No obstante podemos apreciar rasgos que hacen pensar en una etapa más tardía del edificio, como pueden ser la habitación añadida al ábside que va cubierta con bóveda de aristas muy tosca y que podría estar hablándonos de una fecha cercana al siglo XV. Cuenta con el valor artístico añadido de unas pinturas murales, descubiertas en 1995, de gran calidad técnica, que pueden corresponder a una etapa tardogótica del edificio, posiblemente del siglo XVI y que adquieren más valor por la escasez de las pinturas murales en este período.

Descripción

La ermita de Santa María del Castillo está enclavada en la cota más alta de la localidad de Pedroche, a espaldas de la iglesia parroquial de El Salvador, a la que se accede tras subir una considerable rampa. Se trata de un edificio de planta rectangular, arriostrada perimetralmente por contrafuertes en sus lados longitudinales, de una sola nave sostenida por el sistema de contrafuertes al exterior, con ábside cuadrangular y orientada según un eje Este- Oeste, según la tradición cristiana.

La esquina Noroeste se apoya en una roca de granito emergente sobre el nivel de la plaza, motivo por el cual también es conocida como la «Ermita de la Roca». Precisamente el hecho de que el edificio esté asentado sobre la roca de la fortaleza del antiguo castillo árabe, es lo que ha dado en pensar que podría tratarse del recinto religioso de la antigua fortaleza de la villa, hoy desaparecida. Si la observamos detenidamente, apreciamos que su aspecto es ciertamente el de una iglesia fortaleza, muy sólida, sin ventanas, con grandes muros y grandes contrafuertes.

El espacio interior se caracteriza por la secuencia reiterada de hasta seis arcos apuntados o diafragmas sustentantes de la cubierta a dos aguas. Entre las vigas se intercalan irregularmente «tiguillos» (localmente así denominados y que son palos de encina o madroño), sobre los que se dispone una tupida malla de cañizo o retama formando el faldón, al que se añade una capa de cal y arena para darle solidez y sobre la que se dispone la teja cimentada con barro. Los grandiosos arcos transversales apuntados de ladrillo, de sabor gótico, van apoyados sobre pilastrones de sillares de granito de pequeña altura y gran sección.

La ermita sigue el esquema general de las iglesias de la Reconquista, presentando dos puertas, una lateral ubicada en el muro Norte aproximadamente en el centro, y la principal, situada a los pies en la fachada Oeste, dominando la rampa de acceso, la cual termina en una espadaña- campanario rematada a dos aguas. Entre el portalón y la espadaña se abre un ojo de buey a modo de rosetón insertado en el ladrillo. La rampa de acceso parte desde la puerta hasta la roca del muro, permaneciendo adosada a dicho muro. Ambas portadas presentan arrabá de piedra y dan acceso al templo mediante un portalón de madera cobijado bajo un arco apuntado en el caso de la portada principal y de medio punto en el caso de la puerta del muro Norte, los cuales apoyan sobre pilares de piedra en cuyo punto de encuentro con el arco presenta una decoración de ménsulas muy simples.

En la fachada Este se sitúa la cabecera con un volumen más pequeño que el de la nave longitudinal, formando un ábside cuadrangular que se cubre a dos aguas. A la derecha del mismo, en la esquina sureste, encontramos una pequeña habitación que debe ser un añadido posterior. La fachada sur recae a un solar abierto elevado sobre tapias de piedra de granito.

En su interior destacan las pinturas murales recientemente descubiertas, las cuales, a la espera de que concluya su restauración, se hallan en su mayor parte ocultas tras telones de arpillera. Por las catas realizadas en las mismas, podemos apreciar que están bajo varias capas de cal y que ocupan gran parte de los muros del edificio, tanto las partes altas como las bajas. También se aprecia que las pinturas van dispuestas en los espacios entre pilares, divididas en dos franjas, delimitadas por la terminación del zócalo y el arranque del lienzo de muro. Así mismo se observa que en los muros del ábside bajo las capas de cal también hay pinturas murales, las cuales parecen grandes escenas debido a sus dimensiones, aunque no se pueden precisar los temas iconográficos, las dimensiones, los tonos, los colores o de la calidad de los trazos. Aunque sí se puede concretar es que en algunas zonas aparecen los dibujos sin terminar y sin rellenar de color, y en otros casos, como en los zócalos del muro del lado Norte, se encuentra una pintura simulando grecas que separan el zócalo del resto del muro. Por encima del zócalo, en este mismo muro y cercano al ábside, podemos adivinar que las pinturas son de grandes dimensiones, de gran colorido y bastante bien ejecutadas. No obstante parecen pinturas cuya técnica de realización en la mayoría de los casos es al temple, estando realizadas sobre un buen mortero de cal y arena, bien espatulado.

Delimitación del entorno

Se justifica un amplio entorno de protección para la iglesia de Santa María del Castillo por su situación en la zona más elevada de la población, junto a la iglesia parroquial de la Transfiguración del Salvador y en el lugar donde se ubicó el primitivo castillo de la localidad. Desde aquí parte y se desarrolla el entramado urbano de la villa de Pedroche.

El entorno de protección delimitado comprende tanto los espacios públicos como las parcelas cuya proximidad con el bien pueden afectar a su correcta visualización y a su conservación; de ahí que al encontrarse la iglesia en la parte más elevada de la población, a una cota aproximada de 630 metros s.n.m., el entorno recoge las calles y manzanas que desde esa cota elevada parten, teniendo en cuenta que las diferencias de topografía de veinte metros aproximadamente, han materializado un entorno singular en el que se combinan las calles en rampa y escalonadas con pavimentos a base de cantos rodados, y, con edificaciones de clara ascendencia autóctona. Se ha tenido principalmente en cuenta la afección de tipo visual para establecer la línea de delimitación del entorno, el cual de una manera genérica lo constituye la totalidad de las parcelas y espacios públicos que colindan con la iglesia de Santa María del Castillo y con la cercana iglesia de la Transfiguración del Salvador.

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