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Poesía del pueblo para el pueblo

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Dos albañiles cordobeses editan sus “Casi poemas”.

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No podíamos silenciar a fuer de periodistas libres, la emergencia desde el arrabal, de dos poetas populares, albañiles, al saberlo en el prólogo de un libro de pocas hojas, identificado con el título Con el agua al cuello y subtitulado “Casi poemas”. Viene a ser como una voz del pueblo que se sale de sus casillas, que quiere invadir el centro de la ciudad y quiere hacer saber, con aire de pregonero popular, que la poesía no es cosa exclusiva de unas minorías empaquetadas y engoladas, universitaria y académicamente hablando y declamando.

Cuando se habla y postula por una poesía del pueblo y para el pueblo, resulta digno de atención y de admirar el que dos trabajadores, dejen un rato el andamio y demuestren que pueden mover la pluma igual que el palaustre. Porque siempre se ha creído que la gente del pueblo, los obreros, campesinos y soldados carecen de imaginación y capacidad de cantar y soñar, cuando, realmente, si ha habido vida creadora del lenguaje y de sus signos representativos, al pueblo se lo debemos.

Y se está viendo ahora que al pueblo se le da vía libre para que grite, cante y cuente sus inquinas contenidas. Cómo estalla la copla nueva de las gargantas de una nueva promoción de poetas y cantantes populares como Manuel Gerena, José Menese, Carlos Cano y otros muchos que, al aire de la democracia y las incitaciones del futuro de España, proclaman la necesidad de una cultura racional, un a modo de contracultura clásica para el pueblo.

Los dos poetas que se responsabilizan del libro al principio señalado, aunque firmado con donoso e irónico seudonimo, Papi-Cahue, expresan en varias poesías sus ideas, sus ganas de ver al mundo en orden y a España con el pelo suelto y la mirada fija en horizontes prometedores de felicidad, justicia y libertad.

Son versos que tienen finalidad constructiva, pese a que algunos se paren a excavar primero para poder hacer fundamentos más sólidos. Sí, hay que excavar para ver que las raíces tienen una doctrina subterránea del destino humano. Estos jóvenes poetas cordobeses, tal vez utópicos, pero hombres con ansiedad de futuro, se aferran a la raíz de la poesía y se alimentan de su jugo. Por eso escriben lo que piensan y sienten cuando afirman “Vamos a escenificar la obra”, pensamos que quieren decir edificar, que de eso saben poco los poetas de veta burguesa y surrealista, tamizadores de la palabra culta o culterana. Al cantar una historia elegíaca, en la que va la historia del vino, del hombre y del pueblo. Y así el poeta suelta su chorro poético dedicado a uno que tuvo que irse, a la élite culturalista… Y por ese tenor los demás versos, efusión caliente de un amor a todo lo puro y noble de una esperanza que quiere proyectarse en las estrellas. Y la paz. Y el tener en las manos una paloma sin temor, una canción preñada de esperanza y siete interrogaciones coloradas. Dos albañiles poetas es ya un mensaje de buen agüero. De la base del pueblo brota una cultura alentadora. Hay alientos esperanzadores en las barriadas. Allí se asoma la cultura para gritar: “¡Adelante!” La poesía esta en la calle, pisa las aceras y hasta alegra los andamios. Es la que Pablo Neruda amaba y por la que decía: “Así sea la poesía que buscamos, gastada como por un ácido por los deberes de la mano, penetrada por el sudor y el humo, oliendo a orina y a azucena, salpicada por las diversas profesiones que ejercen dentro y fuera de la ley”. Y lo afirmaba el poeta chileno como una doctrina contracultural, en un artículo publicado en la revista Caballo verde para la poesía, publicado en Madrid en 1935 con las siguientes palabras: “una poesía impura como un traje, como un cuerpo, con manchas de nutrición y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilia, profecías, declaraciones de amor y de odio, bestias sacudidas, idilios, creencias políticas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos”.

La poesía, pues, sale a la plaza pública para mostrar sus vergüenzas y sus músculos, es una hora propicia para las expresiones a campo abierto, Por eso mismo alentamos a los que estén con el agua al cuello y les decimos que naden bien y que salgan del agua para que el sol seque sus epidermis y la sangre caliente les haga cantar a la vida, a la justicia y a la libertad.

Manuel Medina González (Revista Nuevo LP, Córdoba, mayo de 1978)