Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Nueva Junta Junta Directiva del Ateneo de Córdoba

Programa de la Semana Cultural "Córdoba de Gala"

Viernes, 27 de enero, 19:30 horas presentación del poemario "Entre perros y ángeles", de Luis María Pérez (Ganador del XXXVIII Premio Juan Bernier de poesía).
Presenta la ateneísta y poeta Pilar Sanabria.

Lunes, 30 de enero, 19:00 horas, presentación del libro "La Herida de Leopoldo de Luis en el Paraíso del Sur" de Juan Ignacio Trillo Huertas.
Intervendrán el autor y Jorge Urrutia (Catedrático Emérito de la Universidad de Madrid Carlos III). Presentará el acto el Vicepresidente del Ateneo y poeta Manuel Gahete. Sede del Ateneo.

Martes, 1 de febrero, 19:30 horas se presentará el relato "Así, la vida" del narrador, escultor y poeta Ramón Rodríguez Pérez (Ganador del Premio X Concurso de Relatos "Rafael Mir").

CONVOCADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA
X Premio de Relato Rafael Mir.
XXXVIII Premio de Poesía Juan Bernier.
IX Premio Agustín Gómez de Flamenco Ateneo de Córdoba.

Fallo de las Fiambreras de Plata 2022, relación de homenajeados aquí.

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Vestal

De Ateneo de Córdoba
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En la antigua Roma, una sacerdotisa consagrada a la diosa del hogar Vesta, recibía el nombre de Vestal. Eran sacerdotisas públicas y, en tanto que tales, constituían una excepción en el mundo sacerdotal romano, que estaba casi por entero compuesto de hombres.

Las seis vestales debían ser vírgenes, de padre y madre reconocidos, y de gran hermosura. Eran seleccionadas a la edad de seis a diez años. Una de sus mayores responsablidades era mantener encendido el fuego sagrado del templo de Vesta, situado en el Foro romano. Estaban tocadas con un velo en la cabeza y portaban una lámpara, naturalmente encendida, entre las manos.

Cuando una candidata a vestal era seleccionada, era separada de su familia, conducida al templo donde le eran cortados los cabellos, y donde era suspendida de un árbol como un mono, a fin de dejar claro que ya no dependía de su familia.

El servicio como vestal duraba treinta años, diez de los cuales estaban dedicados al aprendizaje, diez al servicio propiamente dicho y diez a la instrucción. Transcurridos estos años podían casarse si querían, aunque casi siempre lo que ocurría es que las vestales retiradas decidían permanecer célibes en el templo.

Su ocupación fundamental era guardar el fuego sagrado. Si éste llegaba a extinguirse, entonces se reunía el Senado, se buscaban las causas, se remediaban, se expiaba el templo y se volvía a encender el fuego. El fuego era encendido usando la luz solar como fuente de ignición. La vestal que hubiera estado de guardia cuando el fuego se apagaba, era azotada.

Además de privilegios y honores por todas partes, las vestales podían testar aún viviendo sus padres. Incluso disponer de lo suyo sin necesidad de tutor o curador.

Las vestales tenían el privilegio de absolver a un condenado a muerte que encontraran cuando éste era conducido al cadalso, siempre y cuando se demostrase que el encuentro había sido casual.

El perder la virginidad era considerado una falta peor incluso que el permitir que se apagase el fuego sagrado. Inicialmente, el castigo era la lapidación; luego esta pena fue sustituida por el decapitamiento y el enterramiento en vida. Sin embargo, sólo se conocen veinte casos en los que esta falta fue detectada y castigada.

Bibliografía consultada

  • VVAA. 'Historia de las mujeres'. Editorial Taurus, 1993. ISBN 84-306