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Alfonso IX de León

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Alfonso IX de León (Zamora, 15 de agosto de 1171 - Sarria, 24 de septiembre de 1230) fue Rey de León desde el 21 de enero de 1188 hasta su muerte.

Hijo de Fernando II de León y Urraca de Portugal, tuvo dificultades para hacerse con el poder debido a las intrigas de su madrastra Urraca López de Haro, que aspiraba a entronizar a su propio hijo, el infante Sancho. A lo largo de su reinado tuvo numerosos conflictos y tensiones con su primo Alfonso VIII de Castilla. Debido a éstos estuvo ausente en la Batalla de las Navas de Tolosa, pese a lo cual realizó una gran actividad de reconquista, recuperando para la Cristiandad las ciudades de Cáceres, Montánchez, Mérida y Badajoz.

Casó con Berenguela de Castilla, de quien hubo al infante Fernando. Tras anularse el matrimonio Berenguela se llevó a su hijo a su tierra natal y logró convertirlo en rey de Castilla a la muerte de Enrique I en 1217. Debido a ello, padre e hijo se distanciaron y, al parecer, la animadversión de Alfonso IX hacia los castellanos le llevó a dejar el reino en manos de Sancha y Dulce, las hijas habidas con su primera esposa, Teresa de Portugal, en lugar de las de su primogénito. Sin embargo, la madre de Fernando negoció con Teresa de Portugal la entrega de una pensión vitalicia a Sancha y Dulce, a cambio de sus derechos, y Fernando -que había amenazado a sus hermanastras con atacar el reino si no se cumplían sus exigencias- sucedió a su padre como rey de León, uniendo ambas coronas con la llamada "Concordia de Benavente".

Acceso al Trono e inicio del Reinado

Alfonso IX halló enormes dificultades para acceder a un trono que por derecho de nacimiento le pertenecía. Por una parte, se encontraba su madrastra Doña Urraca, la cual quería eliminarle, pues pretendía que su hijo Sancho fuera el que heredara el Reino, a pesar de haber nacido más tarde. Doña Urraca argumentaba que Alfonso IX no tenía derecho al trono porque el matrimonio entre sus padres había sido anulado. A esto se le unía el deseo de los reinos vecinos de Portugal y Castilla de repartirse el Reino de León. No obstante, todo se resolvió a favor de Alfonso IX, debido a que Doña Urraca no consiguió apoyo a sus fines entre los leoneses.

El inicio del reinado fue sumamente complicado, pues como ya se ha dicho antes, los portugueses y castellanos ambicionaban las tierras del Reino por el Este y por el Oeste, mientras que los almohades suponían un gran peligro por el Sur. Por si las amenazas extranjeras no bastaran, el nuevo monarca se encontró con que el Reino estaba en bancarrota por la política que había llevado su padre durante su reinado. Con esta situación, el monarca, que apenas contaba 17 años, convocó las famosas Cortes de León en 1188, en las que fueron convocados por primera vez los representantes de las ciudades para intervenir en asuntos de Estado. Siendo de esta manera, las primeras Cortes democráticas de Europa y del Mundo.

Cortes de León

Las Cortes de León fueron convocadas en la primavera de 1188, probablemente en la primera quincena de abril, ya que el 27 de este mismo mes, Alfonso IX confirmaba al Obispo de Oviedo todos sus privilegios. Las Cortes se reunieron en el claustro de San Isidoro bajo la presidencia del Rey leonés. Estaban presentes todos los obispos del reino, incluyendo al arzobispo de Santiago de Compostela, que era la máxima autoridad religiosa del Reino, además de los nobles y los representantes de las ciudades del Reino, que por primera vez eran convocados a un acto de estas características.

Las ciudades representadas eran León, Oviedo, Salamanca, Ciudad Rodrigo, Zamora y Astorga, incluyendo también otras como Toro, Benavente, Ledesma y algunas más.

El motivo por el cual se convocó a los representantes de las ciudades fue sin duda la acuciante necesidad de solventar la grave situación económica que sufría el Reino. El hecho de que los habitantes de las ciudades gozaran de una gran prosperidad económica y de que la colaboración con la nobleza en este aspecto fuera demasiado complicada, motivó que rey llamase a los representantes de las ciudades para que asistieran a estas Cortes. Así, Alfonso IX consiguió, sin implicar a la nobleza, generar más recursos para el Reino, recursos cada vez más necesarios por el creciente gasto que ocasionaban las guerras con los vecinos; a cambio se comprometió a mejorar la administración de justicia y eliminar los abusos de poder de la nobleza.

Conflictos territoriales

Castilla

Recién coronado Alfonso IX, se reunió con su primo Alfonso VIII, Rey de Castilla, en Carrión, con la intención de iniciar unas buenas relaciones con Castilla que permitieran una paz duradera. La reunión consistía en una ceremonia para investir a Alfonso IX caballero, y como era costumbre en estos casos, Alfonso IX besó la mano del rey castellano, recibiendo por parte de éste la espada y el cinturón propios de un caballero. Cabe destacar que en la misma ceremonia fue armado caballero el Príncipe Conrado de Suabia, hijo del Emperador Federico Barbarroja de Alemania. El príncipe había venido con el objetivo de desposar la Infanta Doña Berenguela, hija de Alfonso VIII, algo que no pudo hacer debido a la oposición de ésta.

Alfonso VIII de Castilla, más tarde, rompiendo el pacto y obsesionado con ampliar su territorio a costa del de León, entró con sus tropas en territorio leonés y se apoderó de varias plazas que nunca habían pertenecido a Castilla, entre ellas, Valencia de Don Juan y Valderas. Rompía así las hostilidades con el Reino de León, invadiendo unos territorios que marcarían la política exterior de Alfonso IX.

Portugal

Sancho I de Portugal al Oeste penetró en territorio leonés con el mismo objeto que Castilla: apoderarse de las tierras del Reino de León. Así, el Reino se vio cercado entre dos frentes que amenazaban con su destrucción.

Alfonso IX, viendo la situación, se dio cuenta del grave peligro que corría su Reino. De este modo, para buscar una solución, utilizó la diplomacia y se puso de inmediato a buscar apoyos en Portugal. Primero se entrevistó con Sancho I de Portugal y concertó el matrimonio con la Infanta Teresa, que más tarde se llamaría Santa Teresa de Portugal, hija del Rey de Portugal. Como ambos eran nietos de Alfonso Enríquez, primer rey de Portugal, el matrimonio entre ambos estaba prohibido. No obstante, el matrimonio duró tres años, en los cuales tuvieron tres hijos: Dulce, Fernando y Sancha. Fernando, por desgracia, murió muy joven, en 1214.

La boda, por los motivos citados, no agradó a algunos eclesiásticos, que tomando cartas en el asunto informaron al Papa Celestino III, que había sido consagrado Papa recientemente, el día 14 de abril de 1191, siendo este uno de los primeros casos con los que inauguró el pontificado. Celestino se mostró implacable y tildó el matrimonio de incesto, pronunciando más tarde una sentencia de excomunión y entredicho. La excomunión afectaba a los reyes de León y de Portugal, mientras que el entredicho afectaba a ambos Reinos.

Liga de Huesca

En un tiempo convulso, el Rey de Portugal propuso a su homólogo aragonés un pacto para defenderse de Castilla. El Rey de Aragón, temeroso de Castilla, propuso al rey portugués que el pacto se extendiera al Reino de Navarra y al Reino de León. El pacto entre estos cuatro reinos fue llamado la Liga de Huesca. El pacto consistía en un compromiso por el cual ninguno de los monarcas firmantes entraría en guerra sin el mutuo consentimiento. Alfonso IX, por su parte, firmó el tratado por la poca confianza que tenía en Alfonso VIII, Rey de Castilla, quien a pesar del convenio de Carrión seguía sin devolverle las plazas leonesas que aún retenía.

Pacto con los almohades =

En 1191, Alfonso IX, temeroso del peligro que suponía el gran poder de los almohades, firmó una tregua de cinco años ante la imposibilidad de enfrentarse a un enemigo tan peligroso. El Papa Celestino no tardó en reaccionar ante este pacto. De esta manera, excomulgó al Rey de León para castigarle por su pacto con los almohades. E incluso hizo más: procedió a conceder las mismas gracias a aquellos que lucharan contra León que las que recibían los que participaban en las Cruzadas, dejando así relevados de obediencia al Rey a los súbditos leoneses.

Así pues, Portugal, creyendo que el final del Reino de León estaba cerca, aprovechó la oportunidad para atacar a León, esperando, como años atrás, ampliar sus dominios a costa del Reino de León. Invadió Galicia con ayuda de varios nobles gallegos, tomando Tuy y Pontevedra, poblaciones que pasaron de nuevo al Reino de León más tarde.

Alfonso VIII de Castilla, por su parte, con la ayuda de Portugal y Aragón, aprovechó la bula para atacar también el Reino. Penetró por el Sur y atacó Benavente, fracasando en su conquista. Avanzó más tarde hacia el Norte hasta Astorga, ciudad que también ataca fracasando en el intento de nuevo. Después de dejar un sendero de destrucción a su paso, llega a las puertas de la ciudad de León, a la cual tan siquiera es capaz de acceder, contentándose con la toma de Puente Castro, localidad cercana a la ciudad, tras varios días de brutales ataques. Después de ocupar esta localidad, el rey castellano redujo a cenizas el barrio judío y su sinagoga, esclavizando a los moradores.

Cuando Alfonso IX recibe en 1195 ayuda de los árabes en forma de dinero y tropas, se decide a contraatacar a Castilla, llegando hasta Carrión. De este modo y considerando Alfonso IX que se repara la humillación sufrida por el acto de besar la mano del Monarca castellano y para confirmar la anulación de aquello, se hace nombrar caballero nuevamente.

El Rey de Castilla, Alfonso VIII, hizo también un pacto con los almohades para evitar males mayores. Y aunque lo correcto hubiera sido que este nuevo pacto hubiera sido motivo de escándalo como el leonés y motivo de excomunión, no sucedió tal cosa.

El legado pontificio, conocedor de las malas relaciones entre los Reinos de León y de Castilla, quiso mediar en el conflicto. Así, consiguió que ambos reyes se reunieran en Tordehumos, provincia de Valladolid, firmando un tratado de paz el 20 de abril de 1194, en el cual se obligaba al rey castellano a devolver las plazas leonesas en su poder, algo que por supuesto no hizo en su totalidad, pues devolvió unas pero no otras. En el tratado, Alfonso IX se comprometió a casarse con Doña Berenguela, hija mayor del Rey de Castilla. La boda se celebró con gran esplendor en la iglesia Santa María de Valladolid, a principios de diciembre de 1197.

La derrota de Alarcos

El peligro que corrían los reinos cristianos desde el Sur era evidente, y se veía con suma inquietud cualquier movimiento que llevaran a cabo los almohades. Era una prioridad eliminar de una vez por todas esta amenaza. Así, Alfonso VIII, rey de Castilla, pidió ayuda al rey leonés, Alfonso IX, para eliminar esta amenaza, ofreciéndole la devolución de las plazas leonesas que aún retenía en su poder. No obstante, se lo pensó mejor y discutió el tema con su Estado mayor, el cual le aconsejó atacar. Así él esperaba derrotar sólo a los almohades y no compartir su gloria con el Reino de León. De esta manera, los ejércitos cristiano y musulmán se encontraron el 19 de julio de 1195 en Alarcos, en Ciudad Real; la batalla terminó con una severa derrota para el ejército cristiano. Los historiadores árabes de la época reconocen que si el rey castellano hubiera esperado al leonés, el resultado de la batalla habría sido diferente.

Alfonso IX se encontraba muy cerca de la batalla cuando el rey castellano decidió atacar, pero no lo suficiente para que las tropas leonesas pudieran intervenir en el combate y hacer algo por derrotar al ejército musulmán. No obstante, una vez consumada la derrota, Alfonso IX se citó en Toledo con su primo, Alfonso VIII de Castilla, para demandarle que cumpliera el acuerdo y le devolviera las plazas leonesas en su poder. Alfonso VIII de Castilla se negó, y el rey leonés abandonó la reunión indignado.

Las Navas de Tolosa

Una vez más, los almohades eran considerados como una amenaza que debía ser eliminada; esto motivó al arzobispo de Toledo, Don Rodrigo Jiménez de Rada, a informar al nuevo papa Inocencio III, quien inició unas gestiones. Con fecha 16 de febrero, el Papa envió una bula al Rey de Castilla para informarle de la conveniencia de iniciar una guerra contra los almohades. El monarca castellano contestó que haría una cruzada contra los almohades.

La iniciativa pasaba, pues, al Reino de Castilla. El monarca castellano, que había sufrido la grave derrota de Alarcos, sabía que necesitaba la colaboración de los otros reinos cristianos de la península si quería salir victorioso en esta empresa. De esta forma, mientras Alfonso de Castilla se encontraba en Madrid preparando la batalla junto al hijo del Rey, que moriría antes de que se librara la batalla, se enviaron mensajeros a Navarra, Aragón y a León.

En Castilla, se temía el poder del Reino de León, ya que hacía poco había demostrado su poder, derrotando a los portugueses en batalla. Y además, en la conciencia del rey Castellano preocupaba el hecho de lo que haría el rey leonés para recuperar los territorios leoneses, que pese a todos los pactos, Castilla mantenía todavía. De este modo, Alfonso VIII de Castilla temía que Alfonso IX pusiera como condición para participar en la batalla la devolución de todos los territorios usurpados, o que en el caso de que el rey leonés no acudiera a la batalla, aprovecharía la oportunidad para recuperarlos.

Por ello, Alfonso VIII de Castilla pidió la mediación del Papa en el conflicto, para evitar que Alfonso IX pudiera recuperar estos territorios. El papa accedió y penó con la excomunión a todo aquel que se atreviera a violar la paz mientras los castellanos lucharan contra los musulmanes. Este hecho contrasta con lo sucedido años atrás, cuando el mismo Papa había obligado, sin éxito, a Alfonso VIII a devolver esos castillos a Alfonso IX.

El rey de León, Alfonso IX, que ansiaba acudir a la batalla, convocó una Curia Regia con los suyos como era obligación del Rey. Los consejeros le recomendaron que pusiera condiciones a la participación en dicha batalla, y así, Alfonso IX respondió a su homólogo castellano que acudiría gustoso en cuanto se le devolvieran los territorios que le pertenecían.

Alfonso VIII de Castilla fija en Toledo la reunión de las tropas como punto de partida. A las tropas castellanas se les unieron las de Aragón y Navarra, así como un gran número de caballeros franceses, italianos y de otros países europeos. A la batalla no acudieron los reyes de León ni de Portugal, pero éstos sí que permitieron que sus vasallos se incorporaran a la batalla. De este modo, muchos leoneses, asturianos y gallegos participaron en la batalla.

Y tal como había temido Alfonso VIII, el rey leonés, Alfonso IX, procedió a recuperar lo que era suyo. Pero para no romper el edicto del Papa y poder ser excomulgado se dedicó a recuperar todas las plazas que estaban dentro de las fronteras de León, evitando así el enfrentamiento en tierras castellanas. Cuando Alfonso VIII volvió de la batalla vio los hechos consumados y no pudo hacer nada. Es más, invitó a los Reyes de León y de Portugal a firmar un tratado de paz, el cual se firmó en Coímbra. Hubo incluso un nuevo pacto en el cual Alfonso VIII devolvió las plazas leonesas de Peñafiel y Almanza a Alfonso IX.

Reconquista

Finalizadas las luchas con Castilla después de la muerte de Alfonso VIII, Alfonso IX reemprendió sus planes de reconquista. Es en el año de 1218 cuando el monarca leonés prepara una expedición a tierras musulmanas con la intención de conquistar Cáceres; no obstante, la ciudad estaba bien defendida y el intento fracasa.

En una segunda incursión a tierras musulmanas, Alfonso IX se encuentra con un nuevo enemigo, el cual no era otro que el Reino de Portugal, que ansiaba las mismas tierras que el monarca leonés quería para el Reino de León. De esta manera, los portugueses atacan a las tropas leonesas en Braga y Guimarães, siendo derrotadas en ambas ocasiones. El 13 de junio de 1219, ambos reinos firman un nuevo tratado de paz para poner fin a las hostilidades. Después de estas victorias contra los portugueses, Alfonso IX realiza una incursión por tierras musulmanas hasta Sevilla, donde derrota a los musulmanes y recoge un gran botín.

En 1221, Alfonso IX vuelve a intentar la toma de Cáceres, fracasando en el intento de nuevo pero consiguiendo tomar la ciudad de Valencia de Alcántara. El rey volvería a intentar conquistar la ciudad en los años 1223, 1224, 1225 y 1226, fracasando en todas estas ocasiones. Pero finalmente, en 1227, la ciudad fue tomada gracias a la ayuda de la Orden de Calatrava. Tres años más tarde, en 1229, Alfonso IX concedería a Cáceres sus fueros.

Tomada la ciudad de Cáceres, Alfonso IX reemprende la reconquista del resto de Extremadura en 1229, ocupando primero Montánchez y después de cercarla, Mérida cae en 1230. La caída de Mérida ocasionó que los musulmanes de estas tierras huyeran hacia lugares más seguros, favoreciendo de esta manera que Alfonso IX entrara en la capital extremeña, Badajoz en abril de 1230. Después de Badajoz, caería Baldala, que hoy se llama Talavera la Real.

Después de esta gloriosa campaña, Alfonso IX se dirigió a Santiago de Compostela a visitar al Apóstol Santiago, por el cual sentía gran devoción. En el camino, enfermó gravemente en Villanueva de Sarria, muriendo poco después, el 24 de septiembre de 1230. Después de su muerte, fue enterrado en la catedral de Santiago, al lado de su padre, según se recogía en su testamento.

Gestión del Reino de León durante su reinado

Repoblación

Alfonso IX aplicó una política de repoblación basada en el conocimiento de las actuaciones que sus predecesores habían hecho, eligiendo así la que había resultado más conveniente. Aplica sobre todo técnicas parecidas a las que en su día siguen Alfonso III y Ramiro II. Es destacable que no sólo se dedicó a repoblar zonas nuevas, sino que también potenció las ya pobladas mediante Fueros para mejorar el gobierno y el desarrollo de las villas y ciudades del Reino de León.

Concedió así fueros a Tuy, Lobera y Puentecaldelas y repobló Mellid, Monforte de Lemos y Villanueva de Sarria en Galicia. En Asturias concedió fueros a Llanes después de repoblarla y eximió del pago del portazgo a Oviedo desde Oviedo a León, además repobló Tineo. Por último, en León concedió fueros a Carracedelo y a Puebla de Sanabria y repobló Villalpando.

También fundó La Coruña en 1208, a la que otorgó una Carta de Población basada en la que en 1167 había concedido su padre a Benavente.

Recursos económicos

La base de la economía del Reino se basaba en la agricultura y la ganadería, y conocedor de esto, Alfonso IX promulgó varias leyes en el principio de su reinado para favorecer la actividad vitivinícola y la maderera, así como las vacas y otros animales de labor, con el fin de impulsar las actividades existentes y diversificar en cierto modo la economía del Reino. Durante su reinado, en la zonas húmedas del Reino, como Asturias y Galicia, florece la ganadería, mientras que en la zona del Duero florece la agricultura.

La producción de cereal, bastante abundante en la zona del Duero, era insignificante en Asturias y Galicia, teniendo problemas estos territorios incluso para abastecer de trigo a las iglesias, las cuales lo necesitaban para hacer la consagración religiosa. Ante esta escasez, no es de extrañar que se considerara un gran lujo comer pan de trigo en dichos territorios, especialmente en las ciudades. La producción de cereales en todo el reino se ceñía sobre todo a trigo y centeno, aunque también se producían otros productos como hortalizas, lino y legumbres. Los animales empleados en la agricultura eran vacas y bueyes, sustituyéndose en las llanuras de Tierra de Campos por mulas, conocidas como bestias por los lugareños.

El vino se producía en todo el Reino; aun así, destacan algunos puntos de producción: la Comarca de Ribadavia en Orense, Villafranca en la provincia de León, Toro en la provincia de Zamora y la Ribera de Duero y Tierra de Campos. La pesca también era un recurso importante en todo el reino, pues mucha gente se dedicaba a la pesca tanto de mar como de río.

En Asturias, la producción de manzana era enorme, y como normalmente había un gran excedente, éste era usado para producir sidra. Alfonso IX llegó a sorprenderse cuando le comunicaron que varias comunidades monásticas asturianas cosechaban las manzanas para después elaborar sidra para todo el año.

Uno de los grandes logros de la gestión de Alfonso IX fue el acusado descenso del poder que ostentaban los nobles respecto a épocas anteriores y a otros Reinos, debido a la política seguida por el Monarca leonés.

La Universidad de Salamanca

Uno de los actos más importantes y destacables de Alfonso IX en el Reino de León fue la creación del Estudio General de Salamanca, a partir de las escuelas catedralicias que ya llevaban funcionando casi un siglo. En aquellos tiempos eran normales las escuelas en las Catedrales de los reinos de España.

En 1208, el obispo Tello Téllez de Meneses había creado un Estudio general en Palencia (que acabó convirtiéndose en Universidad en 1263, cuando estaba a punto de desaparecer), un estudio donde los leoneses tenían difícil acudir debido a los continuos choques entre León y Castilla. Por eso, Alfonso IX decidió, en 1218, crear otro Estudio General en Salamanca. Años más tarde, Fernando III el Santo le daría un gran impulso y Alfonso X el Sabio finalmente la convertiría en la primera Universidad que, en Europa, ostentaba ese título, el 6 de mayo de 1254.

El Problema de la Sucesión

La temprana muerte del infante Fernando, hijo de Alfonso IX con la Reina Teresa, trastocó los planes del monarca leonés. Alfonso IX, que se había casado dos veces, tuvo dos hijos varones. Muerto el primero, quedaba otro, llamado también Fernando, que había tenido con la Reina Berenguela. Su nombramiento como Rey de Castilla cambió las cosas de nuevo.

Después de ello, Alfonso IX pensó en sus hijas, las infantas Sancha y Dulce, habidas de su primer matrimonio con la reina Teresa. Así pues, se hacía depositarias a su viuda y a sus hijas Sancha y Dulce de los derechos del reino. Actuaría como garante del testamento la Orden de Santiago, creada por los monarcas leoneses. Sin embargo, Fernando III reclamó los derechos que decía tener por su condición de hijo del anterior matrimonio. Amenazó con invadir el Reino de Léon y pactó una cuantiosa suma con las herederas legales para que renunciasen a sus derechos. Es la llamada "Concordia de Benavente" (1230).

Véase también

Bibliografía

  • Secundino Serrano (Director del Equipo) (1991). Enciclopedia de León Volumen I. La Crónica de León. ISBN 84-920557-4-X.
  • Secundino Serrano (Director del Equipo) (1991). Enciclopedia de León Volumen II. La Crónica de León. ISBN 84-920557-5-8.
  • Manuel Carriedo Tejedo, Carlos Estepa Díez, (1997). Historia de León, Volumen II; El Reino de León en la Edad Media. La Crónica de León. ISBN 84-920557-8-2.
  • Joaquín Cuevas Aller (2007). Historia de Asturias y León. El nacimiento de España. ISBN 13:978-84-612-0822-7.
  • VV.AA. (1996). Reyes de León. EDILESA. ISBN 84-8012-135-1.

Enlaces externos

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