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José Amador de los Ríos

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José Amador de los Ríos y Serrano (Baena, 30 de abril de 1818 - Sevilla, 17 de febrero de 1878), historiador, crítico literario y arqueólogo español.

Fue José Amador de los Ríos, nacido en Baena en 1818, “si no el escritor más laborioso de su tiempo, al menos uno de los que más trabajaron en honra de las letras y las artes españolas”, en palabras de su biógrafo Francisco Valverde y Perales. Interesado desde muy joven por las humanidades, inició en Sevilla, al igual que otros andaluces famosos, los estudios de pintura, lo que le llevaría, andando el tiempo, a convertirse en crítico de reconocido prestigio.

La historia de España –conocida sobre todo a través de las Obras del P. Mariana- y la literatura –disciplina para la que las conferencias de Alberto Lista en el Ateneo de Madrid serían punto de partida inestimable-, le atraían por igual, de forma que cuando Amador de los Ríos se traslada con toda su familia desde Madrid a Sevilla en 1837, la Biblioteca Colombina va a ser testigo de su multifacética actividad, sirviendo de claustro de gestación a la que con el tiempo vendría a convertirse en la Academia El Cisne; a ella concurría nuestro biografiado en compañía de otros jóvenes escritores que transitaban a la sazón por las sendas del Romanticismo. Fruto de esa etapa es un libro de poesías que mereció las alabanzas del precitado Lista y las del Duque de Rivas, entre otros. 1839 será el año en que Amador de los Ríos ingrese como socio en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y en el que intensifique sus estudios de crítica literaria.

En 1844 coincide su traslado a Madrid con la publicación previa de Sevilla pintoresca, obra por la que se interesarán personalidades relevantes no sólo del mundo artístico-literario sino también de la esfera política, tales como Pidal y Mon, ministro de la Gobernación, y Gil y Zárate, jefe de Instrucción Pública. El resultado de todo ello será el nombramiento del baenense como secretario de la Comisión Central de Monumentos. Tras los trabajos pertinentes presentará en 1845 una excelente Memoria y la obra Toledo pintoresca, pionera en los estudios sobre esta ciudad. Colaborará igualmente en el nuevo plan de estudios auspiciado por Pidal y Mon, y bajo la dirección de Gil y Zárate contribuirá a la creación en provincias de institutos de Segunda Enseñanza y al Fomento de escuelas y academias de Bellas Artes.

Con la reforma del plan de estudios en 1847 se convierte en profesor, tras doctorarse en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid, accediendo a la cátedra de Literatura en 1848, tras someter al tribunal que le juzgaba sus Estudios históricos, políticos y literarios sobre los judíos de España. A la labor docente precedió su ingreso como académico numerario en la Real Academia de la Historia, si bien sus investigaciones no descuidaron ninguno de los campos que desde el primer momento figuraban entre sus intereses, como puede comprobarse a la vista de los títulos que su cronología bibliográfica ofrece.

En el terreno de la investigación histórica, amén de numerosísimos artículos aparecidos en revistas y publicaciones nacionales y extranjeras, merecen citarse los ya aludidos Estudios históricos, políticos y literarios sobre los judíos en España (1849), cuya traducción a distintas lenguas no se hizo esperar; Monumentos arquitectónicos de España; Noticia histórica de la visita regia de Isabel II a la Universidad Central (1856); El arte latino-bizantino en España y las coronas visigodas de Guarrazar (1861); Discurso sobre el arte y estilo mudéjar (con motivo de su ingreso en la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando, en el mismo año de 1861); Historia de la Villa y Corte de Madrid (1865); edición de la Historia General de las Indias, Islas y Tierra firme del mar Océano, de Gonzalo Fernández de Oviedo (1865); Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal (1876) y Estudio y educación de las clases sociales en España durante la Edad Media.

Como crítico literario, dos obras sólo bastarían para considerarlo uno de los autores cuyas aportaciones han supuesto un hito considerable en la historia de la literatura española: una de ellas es la edición de las Obras de D. Diego López de Mendoza, Marqués de Santillana (1852), a la que hacía preceder de una biografía del autor, y la otra, de más amplios vuelos, trabajo de toda una vida dedicada a la investigación –veintiocho años en total-, la componen los siete tomos de la Historia crítica de la Literatura Española (1861), que partía de autores de la época romana y no omitía en su momento reseñar autores que escribían en otras lenguas que pervivían en la Península en la Edad Media: gallego-portugués y catalán. El punto de partida de esta que puede considerarse su opera magna estuvo en las palabras de Alberto Lista, su maestro, en las que se quejaba de la carencia de una historia general de la literatura para el caso de la española. El escritor baenense pudo ofrecerla a críticos y eruditos, fruto de su constante investigación en los principales archivos de las ciudades en que había residido: Sevilla, Toledo, Madrid y París, así como de la confrontación de su opinión con la de los investigadores extranjeros más relevantes de su tiempo.

Desempeñó Amador de los Ríos numerosos cargos –decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central (1856), vicerrector de la misma (1867) y director del Museo Arqueológico Nacional (1868)-; de todos ellos fue depuesto tras la Revolución de 1868. Recibió honores y condecoraciones, entre las que destacan la Gran Cruz de Isabel la Católica; todos ellos correspondieron merecidamente al hombre que desde los primeros estudios tuvo clara su vocación de investigador y el deseo de comunicar a los demás su propio saber. Murió en Sevilla en 1878.

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