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Alfonso Hidalgo Real

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Sacerdote nacido en 1899 y ordenado en 1924 que tristemente destacó, como capellán castrense, durante la Guerra Civil.

Datos biográficos

Ejerció su pastoral durante 51 años como coadjutor en Bujalance, Fuente Obejuna, Luque y en las parroquias cordobesas de San Andrés, San Lorenzo y por último en 1953 en San Nicolás, en la que permaneció hasta su fallecimiento el 28 de mayo de 1975.

Con motivo del levantamiento militar del 18 de julio se incorporó a él de manera activa oficiando como capellán que acompañaba a los condenados a ser fusilados. Logrando fama de ser poco consolador con aquellos que se negaban o resistían a aceptar los últimos auxilios espirituales.

Nombrado Don Bruno Jefe de Orden Público encontró en la persona de Alfonso Hidalgo a su hombre, a quien nombró capellán asistente, con cometidos de consejero en el orden religioso y moral, así como asesor para lo relacionado con la asistencia a actos religiosos y procesionales.

Siendo su principal cometido estar presente en los fusilamientos tuvo que asistir, junto a don Bruno, a la muerte del policía Eusebio Fernández Hernández persona muy querida en la ciudad que profesaba ideas republicanas. Ejecución que fue todo un rito ejemplarizante -según los sublevados- tanto por su contenido religioso, pues se le prestaba los últimos auxilios espirituales a los reos, como por su contenido patriótico, ya que con ella se advertía a posibles desafectos de las fuerzas de orden o armadas.

Alfonso Hidalgo fue una de las pocas personas que despidieron a don Bruno cuando fue trasladado de la capital cordobesa por los muchos excesos cometidos.

Testimonios

El siguiente comentario lo relataba un vecino de la Calle Hinojo donde estaba la casa rectoral de la parroquia de San Andrés:

«No se me iba el recuerdo de como todas las madrugadas llegaba una furgoneta llamada La Lechuza con objeto de recoger a don Alfonso. En el silencio, se oían las voces de elementos como Luis Velasco Moreno y sus acólitos aporreando la puerta como aviso de llegada. Seguidamente, salía vestido con un uniforme de la Guardia Civil y marchaba al cementerio para cumplir con su cometido macabro»

Según el expone de Francisco Moreno Gómez en su libro, 1936: Genocidio Franquista en Córdoba, el obispo Adolfo Pérez Muñoz cuando vuelve en diciembre de 1936, «se opuso a recibir a Alfonso Hidalgo. Pues ya tuvo problemas con él en 1930 cuando estuvo como coadjutor en Luque

Con motivo del fallecimiento de Alfonso Hidalgo, Pablo Moyano Llamas escribió un artículo en el Diario Córdoba de fecha 5 de junio de 1975 con las siguientes frases:

«[...] Don Alfonso Hidalgo era un hombre sencillo, un hombre humilde que sirvió a Dios y a la iglesia de Córdoba a lo largo de más de cincuenta años…. sabía también que para el hombre de fe sincera –él la tenía- lo mejor es mirar a la muerte cara a cara, con esa infinita esperanza en la misericordia de Dios, que es mil veces mayor que nuestra debilidad…. El tenía muy clara la idea cristiana de la muerte, no como un salto al vacío, sino como simple paso al umbral de otra frontera. Y quiso prepararla a conciencia. [...]»
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