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Juan Gandulla "Habichuela"

De Ateneo de Córdoba
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Juan Gandulla Padilla, guitarrista, conocido en el mundo de la guitarra flamenca con el nombre artístico de Juan Gandulla "Habichuela", (Cádiz 5 de mayo de 1871 - Madrid, 21 de mayo de 1925). Discípulo de Patiño. Empezó su vida profesional alternando con su mentor, y cultivó fama en los cafés cantantes y teatros de su época. En 1902 se trasladó a Madrid donde trabajó durante muchos años en locales y de gira, y acompañó a Chacón en Cádiz y en las primeras grabaciones en pizarra del jerezano en 1909. Su toque emplea mucho pulgar, rasgueando acordes y figuras muy rápidas en los bordones, pero también se pueden oír arpegios en sus grabaciones con Chacón, Torre, La Serrana y otros.

Fernando el de Triana dice de él que "sin ser un fenómeno, como ejecutante tenía un dedo pulgar que era envidiado por todos sus compañeros, pues con ese dedo solo, imitando a su maestro, arrancaba notas a la guitarra que cuando llegaban a los oídos de los espectadores iban convertidas en lágrimas que conmovían a todo el que escuchaba".

Juan Gandulla Padilla "Habichuela" fue uno de los mejores guitarristas de su tiempo, algo que se puede demostrar con sus grabaciones, principalmente si vemos a los cantaores que acompañó, entre otros el gran Don Antonio Chacón o la Niña de los Peines.

El mote le vino de su padre, un industrial dedicado a la fabricación de pan y a la venta de legumbres, como son las habichuelas. Su familia también era conocida en esta ciudad por ‘Los Panaeros’. Su padre fue un gran aficionado al flamenco y amigo de Patiño, uno de los guitarristas más célebres de la época. Es por ello que con sólo ocho o diez años ya daba clases de guitarra con su único maestro y patriarca de la sonanta en este rincón.

En su toque, empleó mucho el pulgar, rasgueando acordes y giros muy rápidos en los bordones. También se pueden oír arpegios en sus grabaciones. En mi opinión, su guitarra tiene el toque ortodoxo y muy flamenco de la escuela gaditana. Es una pena no tener grabaciones por bulerías de la Niña de los Peines y de él. Sí se conservan grabaciones con otros artistas donde demuestra el nivel de los cantaores a los que arropó con su guitarra. Hablamos de Don Antonio Chacón (1909), Manuel Torre (1909), ambas en Odeón, La Serrana, El Niño de Cabra, El Cojo de Málaga, Pena Padre, y Joaquín ‘El Tabaco’ nombre de Joaquín Aranda Hidalgo, (Alora, año 1868-1936).

Además de ellos, acompañó al cante a otros grandes de su tiempo: Fosforito, Niño Medina, La Serrana, El Mochuelo, Juan Mojama, Escacena y La Niña de los Peines, entre otros. Precisamente ella fue una enamorada de su guitarra y lo acaparó durante gran parte de su vida, incluso hasta meses antes de su muerte. En el baile puso su sonanta a disposición de Salud Rodríguez y Dolores Rodríguez, ‘Las Hijas del Ciego’, Antonia, Josefa y Milagro ‘Las Coquineras’, La Macarrona, El Estampío, Ramirito, La Malena, La Jeroma y Pastora Imperio, por destacar a algunas artistas de este género.

Pocos guitarristas pueden decir que Don Antonio Chacón, Pastora Pavón "Niña de los Peines" y Manuel Torre exigieron su bajañí en todas sus actuaciones. Es más, como apunte, es menester destacar, según se recoge en la prensa de la época, que su guitarra “era ideal para el cante Manuel Torre, porque siempre iba por debajo del tono del cantaor, dejándole desarrollar su anarquismo y el duende flamenco de su improvisación, y el compás flamenco que necesita este tipo de cantaores gitanos”. Con estos tres genios del flamenco actuó cinco meses antes de su muerte.

Las primeras aventuras flamencas fueron por ventorrillos, bares y cafés cantantes de la provincia de Cádiz, años 1896 y 1897, en compañía de su gran amigo Francisco Lema Ullet ‘Fosforito’, con el que marchó a Sevilla y Madrid, y al que siempre apoyó y ayudó en lo que pudo. Entre sus actuaciones hay una que tuvo lugar en el Circo Teatro Gaditano, año 1898, junto a Fosforito, El Morcilla, El Quique, y El Maestro Patiño. A principio del siglo XX también estuvo en el Teatro Campoamor de Oviedo, con Salud Rodríguez, El Mochuelo y Joaquín Rodríguez; y en el sevillano Salón Concierto Filarmónico y Oriente de Actualidad (en octubre de 1902) con numerosos artistas y supliendo a la guitarra de Javier Molina.

A principios año 1903 hace una gira por Europa con Los Hijos del Ciego, Salud, Dolores, Mercedes, Baldomero, Joaquín Rodríguez, y varios artistas flamencos. Un año después, en 1904, aparece citado en la prensa sevillana junto a Manuel Torre y Fosforito en el bautizo de la hija del matador de toros Antonio Fuentes. En 1908, en el Teatro Eslava, acompañando a La ‘Niña de Los Peines’ y Luis López. Entre los años 1905 y 1924 casi siempre acompañó a la reina del cante, Pastora Pavón, recorriendo toda la Península, el norte de Marruecos, y el sur de Francia. De esta noticia se hace eco ‘El Defensor de Almería’ (1916), que comienza a animar el ambiente dos días antes del concierto, el 24 de agosto: “Con el fin de hacer algunas mejoras en el salón y preparar el debut de la eminente cantante española ‘La Niña de los Peines’, de la notable cancionetista y bailarina Emilia Torres, y del notabilísimo profesor de guitarra, único en España, Habichuela”.

Lo último que hizo con ‘La Niña de los Peines’ y Antonio Chacón se remonta al año 1924. La prensa madrileña comenta la actuación de estos tres grandes artistas: “Pastora Pavón ‘Niña de los Peines’ cantó tangos, bulerías y peteneras, y acompañada por Juan Gandulla ‘Habichuela’ bailó una rumba, y también el popular cantaor Chacón deleitó a la concurrencia con sus más populares canciones flamencas, siendo justamente aplaudidos”.

En El Puerto de Santa María actuó con Pastora y Manuel Torre, en más de ocho representaciones entre los años 1916 y 1920. La lista es interminable pues sólo en la provincia de Cádiz, en los años expuestos, hay más de cincuenta actuaciones. Fueron dos de los artistas que mas trabajaron en su época. La guitarra de Juan le daba a Pastora la música y el compás flamenco que ella necesitaba en sus interpretaciones, algo que otros guitarristas, más técnicos, no le daban. Pese a todo y como dato curioso hay que destacar que no grabó con Pastora, y es que a Juan no le gustaba la música ‘enlatada’, como se suele decir.

Juan fue de los guitarristas que más dinero ganaron y de los que más actuaron. Dejó pocos alumnos, porque no tuvo tiempo material para dedicarse a este magisterio. No obstante, entre sus posibles alumno aparece Currito de La Geroma. Este guitarrista, cantaor, bailaor y pianista fue hijo de La Geroma y de Juan Alonso. Dicen aficionados y artistas que le conocieron que aprendió de Habichuela el empleo del pulgar en su toque. Este dedo fue el fuerte de dicho guitarrista, que falleció muy joven dejando por delante una carrera interesante por ofrecer. Eso sí, grabó con Pastora en 1917, una obra donde podemos descubrir sus cualidades.

Juan Habichuela fue un gran conocedor de los cantes. Conocía perfectamente el flamenco de Jerez, Lebrija, Utrera, Málaga, Los Puertos, Levante, Granada, Triana, Huelva, Jaén, Córdoba y por supuesto, el de Cádiz.

Fue un hombre muy relacionado con los artistas flamencos de su tierra que vivieron en la capital de España. Por mencionar alguno, podemos hablar de Las Morenos, Las Gaditanas, Las Coquineras, Los Ortegas Ferias, y la familia de Juan Manuel Rodríguez ‘El Ciego’.

Como curiosidades resaltan que fue un gran fumador de puros habanos, según comentarios de aficionados mayores, que le conocieron. Hombre inteligente y cultivado por la universidad de la vida iba siempre trajeado y sus ademanes eran de un señor culto de mundo.

El guitarrista tiene una sepultura a noventa y nueve años en el Cementerio de la Almudena de Madrid. Está enterrado con su esposa en la entrada principal, lado izquierdo. Nº 2. Cuartel, 9. Meseta 2º. Manzana 30. Letra D. La tumba no tiene lápida y está muy deteriorada por falta de mantenimiento. Hay que recordar que no dejaron descendencia.

Algunos artistas, conocidos del tocaor y estudiosos del flamenco sitúan al gaditano como uno de los grandes del pasado siglo. Ramón Montoya no llegó a escuchar al Maestro Patiño y sí llegó a la guitarra de Juan Gandulla “Habichuela”, del cual decía que era “muy bueno en todos los aspectos”.

Juan Maravilla, al que conocí hace muchos años, y tuve la suerte de tener su amistad, me comento una vez que “Juan Gandulla ‘Habichuela’ tenía que ser un fenómeno porque todos los cantaores, cantaoras, bailaoras y bailaores de su tiempo querían el acompañamiento de su guitarra, por algo sería”.

Fernando el de Triana, en su libro Arte y Artistas Flamencos, nos dice textualmente sobre él lo siguiente: “De la escuela del glorioso Maestro Patiño. Este célebre guitarrista, conocido por el sobrenombre de Habichuela, fue de los mejores acompañantes que se han conocido, y queda demostrado con decir que mientras vivió fue el preferido por La Niña de Los Peines. Sin ser un fenómeno, como ejecutante tenía un dedo pulgar que era envidiado por todos sus compañeros, pues con ese dedo sólo, imitando a su maestro, arrancaba notas a la guitarra que iban convertidas en lágrimas que conmovían a todo el que escuchaba. Durante su vida artística acompañó a todos los más grandes cantaores y cantaoras de su época; y en el cuadro de bailes flamencos fue un verdadero fenómeno, perfectamente compenetrado del mecanismo que encierra ese difícil baile, tanto en hombre como en mujer. Gran conocedor de los cantes y bailes andaluces, discípulo que supo honrar la escuela de su glorioso maestro”.

Eusebio Rioja realiza este análisis del guitarrista: “Juan Gandulla supone el contrapunto técnico genial con los tocaores más destacados de su generación: Miguel Borrull y Javier Molina. Si los segundos mostraban una evidente preocupación por el virtuosismo de sus toques, interesándose por la asimilación de recursos académicos con destacadas veleidades concertísticas, Gandulla se aferra a la tradición gaditana que personalizó José Patiño, fundamentando las características de su guitarra en la justeza, sobriedad y oportunidad de su acompañamiento, siempre subordinado al servicio del esplendor del cante y del baile. Acompañamiento obsesionado por la precisión en la medida y por la acentuación emotiva, a la vez que expresiva de los elementos más sentimentales de la voz del cantaor o de los pies del bailaor, con los que se compenetraba perfectamente. (Eusebio Rioja: Guitarra de Categoría, Historia del Flamenco. Tomo III, pagina 61).

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